Hace algo más de seis años que el Partido Popular presentó un Recurso de Inconstitucionalidad a la Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modificó el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio. Una ley con la que se dio un paso adelante en la consecución de una igualdad real y efectiva. Y un recurso que de resolverse positivamente [parece que el TC se pronunciará pronto] supondrá un retroceso importante en materia de derechos sociales.
No podemos anclarnos en la etimología para crear un parapeto ante la palabra “matrimonio”. Del latín “matris manium” o “matreum muniens”, hace referencia a la POSIBILIDAD de la mujer de procrear.
Pero la lógica de la evolución histórica y la conquista de derechos sociales por parte de las mujeres demuestran que el sentido literal y etimológico de la palabra hace tiempo cambió por los propios usos sociales: matrimonio civil, y la NO obligatoriedad de procrear para que la unión sea legítima y válida.
Muy al contrario de las consideraciones que hacen quienes firman ese recurso [que el matrimonio es "una institución de contornos precisos que responde a la lógica de las necesidades naturales y sociales de nuestra especie"], creo que la ley que autoriza matrimonios entre homosexuales no es sino un paso más en la evolución de nuestra sociedad, recordemos: un espacio arbitrario y por tanto no natural, en el que nosotras y nosotros construimos nuestras propias normas de convivencia.
Oponerse al matrimonio homosexual no es sino ponernos a nosotras y nosotros mismos una piedra en el camino de construcción de una sociedad igualitaria y en convivencia pacífica. Oponerse alimenta los odios, porque es claudicar ante el intento de control de quienes quieren imponernos cómo vivir y con quién a cambio de obtener unos derechos.
Porque si la “institución” del matrimonio es la que -si, exige obligaciones- pero concede unos derechos [de sucesiones, de residencia, adopción de los hijos del cónyuge, efectos tributarios, derecho a no declarar contra el cónyuge, alimentos, separación, divorcio, etc.] que desgraciadamente no se consiguen por otras vías [pareja de hecho, por ejemplo], y aplicamos el principio de igualdad … no tiene razón cívica de ser el negar esos derechos a una parte de la sociedad sólo por su orientación sexual.
La historia ha sido testigo de matrimonios religiosos de conveniencia entre heterosexuales, y en esos casos no se ha dicho nada a pesar de que detrás de esas uniones no había amor sino intereses de diferente índole. Si queremos llamar a las cosas por su nombre, digamos que esto a lo que me acabo de referir es una ESTAFA al "supuesto" verdadero sentido y significado del matrimonio.
No digamos ya la cantidad de voluntades truncadas de personas que han vivido “presas” bajo esta "institución", intocable según quienes … hasta que se permitió el divorcio.
La excusa terminológica no esconde sino una verdadera oposición al ejercicio de una libertad individual. Puesto que si de verdad existiera una voluntad de tolerancia y respecto no se hubiera llegado a este contencioso cual pataleta infantil.
Permitamos entonces que la comunidad homosexual pueda disfrutar de su derecho a contraer matrimonio, con menos, el mismo o incluso más amor y respeto del que existe entre muchas parejas heterosexuales, tan protegidas desde ámbitos radicalmente conservadores.
En un Estado democrático, plural y de derecho nadie debería tener miedo a que unos jueces decidan sobre un asunto litigioso, como el del matrimonio homosexual. Más allá de los adoctrinamientos de género, más allá de toda la propaganda homosexualista que se ha desarrollado con el dinero de todos los españoles está el criterio del Tribunal Constitucional que decidirá si dos hombres pueden casarse el uno con el otro.
ResponderEliminarPueden ver este artículo donde se ven las escasas posibilidades de que prospere el llamado gaymonio:
http://www.fluvium.org/textos/familia/fam219.htm
el caso no es oponerse al casamiento entre parejas homosexuales, cosa que creo que a gran parte de la sociedad le da igual. El problema radica en que se varia la definicion de las palabras, destruimos un rico vocabulario y en definitiva, cualquiera que lo desee o vea justo podria cambiar el sentido de estas, llamar al ejercito "club" y montar una milicia de gente armada escapando a la ley por solo usar dicha definicion. Si eso sucediera, seria eterna la rueda.
ResponderEliminarGracias por tu opinión, aunque no puedo estar de acuerdo contigo. En primer lugar porque como se trasluce de mi argumentario, el lenguaje es algo arbitrario; y además algo vivo, porque está en transformación constante. Y el término "matrimonio" no es exclusivo de la Iglesia Católica; es una institución que se celebra de múltiples formas a lo largo y ancho del mundo (diferentes religiones, poligamias, etc.)
EliminarLo que importa en el fondo -y es lo que quienes se oponen a las uniones de personas del mismo sexo, no quieren reconocer- son los derechos que se les conceden a quienes se casan. Y lo cierto es que si sólo el Matrimonio concede determinados derechos, y no otras instituciones como "pareja de hecho", si queremos hablar de igualdad de derechos, si queremos ser honestas y precisas, lo justo es hablar de Matrimonio entre personas del mismo sexo, porque sólo de esa forma serán ciudadanas y ciudadanos iguales, sin que la ley les dicrimine.
No estamos cambiando el sentido de su significado, sino incluyendo en éste a un colectivo antes no considerado. No parece muy difícil de entender, ¿verdad?