Desde hace tiempo me debato entre si considerarme ciudadana de pleno derecho o una mera consumidora. Y una llega a la conclusión de que la segunda ‘mola’ más, no porque sea más fácil, sino porque es lo que hoy ‘se lleva’.
Los precios, las rebajas, las ofertas, los créditos, el nivel de consumo, la confianza en el consumidor, el índice en bolsa, los bonos europeos, la compra de deuda. Todas estas expresiones, y otras tantas, se repiten hasta la saciedad en todo el espectro informativo que nos rodea desde hace ya meses. Y si nos descuidamos, lo interiorizamos con tal naturalidad, que un día cualquiera nos sorprendemos hablando de ello constantemente con nuestra familia, amigos y compañeros de trabajo.
Aquí interesa el PIB y la rentabilidad, y no los índices de felicidad como en Bután. Hay quienes dicen que la salida de esta crisis pasa por una recuperación económica que necesita una reactivación del consumo, que será la fórmula para crear empleo. Y aquí todas y todos consumimos en mayor o menos medida. Y por tanto ya no nos consideran importantes en tanto que ciudadanos y ciudadanas, pero sí en tanto que consumidores y consumidoras.
Y es que a veces no nos damos cuenta de que mientras luchamos [no ya por ganar] sino por no perder derechos como ciudadanía, debemos hacer uso de un arma muy potente que está en nuestras manos: el poder del consumo.
Como de todos los poderes, podemos hacer un buen o un mal uso de él. Y un poco al hilo de esa doctrina de la responsabilidad social corporativa pero aplicándola a nuestra vida privada y particular, nos podemos convertir en consumidores responsables.
Y no sólo hablo de productos ecológicos en lo que a alimentación se refiere; también me refiero a no comprar productos a empresas que se lucren por el comercio de armamento, drogas o tráfico de personas, que no adopten medidas medioambientales, que no fomenten ni persigan la igualdad, etc.
No es una tarea fácil, porque exige un gran esfuerzo [como el estar bien informada]; pero sí reconfortante porque te sitúa ante otra perspectiva, ante otra forma de entender el mundo. Como la que nos ofrece por ejemplo ConSumaResponsabilidad .
Y creo de verdad que todo es empezar, porque todo es una utopía hasta que queramos que deje de serlo.
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