No hay duda de que los recursos energéticos son un elemento estratégico en la política de cualquier país. Como tampoco la hay sobre la importancia que para nuestro planeta tiene el desarrollo de energías alternativas/renovables que permitan un menor impacto medioambiental en todos los sentidos, y un funcionamiento social sostenible a largo plazo.
Parecería por tanto, que lo más consecuente es que un país como España -consciente de ello y con potencial para aprovechar unos recursos naturales que permitirían el autoabastecimiento energético en un alto porcentaje-, centrara todos sus esfuerzos en el desarrollo de una fuerte industria de energía solar y eólica (en sus diversas modalidades).
Supondría “matar” más de dos pájaros de un tiro:
- Mejorar el índice de autoabastecimiento. O lo que es lo mismo disminuir la dependencia de los países productores de petróleo y de gas; que precisamente por serlo son víctimas y al mismo tiempo verdugos de grandes especulaciones que cobran dimensión internacional y que derivan en atroces conflictos armados.
- Apostar por el que puede ser uno de los pilares de la recuperación económica: conseguir consolidar un sector industrial con futuro y que puede propiciar la creación de empleo estable. Esto exige destinar recursos económicos a la formación e investigación, ayuda y asesoramiento a personas emprendedoras.
- Contribuir en mayor medida a hacer de este mundo un espacio más sostenible, tanto desde la perspectiva de la producción como desde la del consumo.
Por eso resulta paradójico leer en la prensa informaciones como esta [http://www.publico.es/ciencias/390539/sol-espanol-tecnologia-extranjera]
en la que queda patente que aunque el camino se ha iniciado queda aún mucho por recorrer. Diversos colectivos (APPA, Ecologistas en Acción, Greenpeace) se preguntan si se está haciendo de veras todo lo posible por impulsar las energías renovables. Desde luego es chocante que no resulte rentable invertir en producir -por ejemplo- más electricidad a través de energía solar (fotovoltáica o termoeléctrica) porque parte de esa energía no se puede comercializar. Nos tenemos que plantear si los últimos Reales Decretos que regulan este sector no están contribuyendo a ralentizar su desarrollo más que a impulsarlo … que parecen orientados hacia una justificación mercantil de reparto de beneficios.
No nos llamemos a engaño: la energía, precisamente por su carácter estratégico clave, está supeditada a los dictados del mercado en primera linea. Los poderes políticos (representantes de la ciudadanía) ya no definen sus políticas energéticas por conveniencia e idoneidad, como tampoco las medidas económicas o sociales. Manda la rentabilidad a corto plazo.
Es por eso que se ponen cuotas al aprovechamiento de la energía del astro Sol.; no vaya a ser que salga perjudicada una multinacional energética que cotiza en bolsa (y ya la hemos liado). Es la moda en la UE, donde ya se hizo lo mismo con la producción de lino y de leche [http://ec.europa.eu/agriculture/milk/index_en.htm], por citar algunos ejemplos.
Y no sería de extrañar que mañana cuando nos despertemos escuchemos en la radio que las agencias de calificación se sienten “acaloradas” con tanto protagonismo y decidan bajar el @rating de las ráfagas de viento y de los rayos de sol … no vaya a ser que acaben chamuscadas.
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